Mi Dashboard

Mike Licht

Hasta ahora nunca he tenido un plan exacto de lo que debo hacer cuando me siento delante de mi ordenador. Simplemente abro mi página y hago click en el Dashboard del blog. Click en nueva entrada y a escribir, siempre que tengo algo que decir. Naturalmente, he leído artículos sobre cómo hacer para tener muchos fans y crear una espiral viral, una expresión que da bastante grima. He hecho algunos pinitos al respecto, tratando de que los post se vean más porque considero que el trabajo de los joyeros merece un MegaCartel en Plaza Mayor, pero nada más.

Cuándo tomas la decisión de escribir un blog de este tipo, suele ser por una necesidad personal de abrirte al mundo y dejar ver la información que has encontrado o lo que opinas sobre un tema y esperar que se generen respuestas con las que aprender. Y ya está. Todo ahí. No es tanto que quieras notoriedad como la necesidad de comunicar. Terminas tu post y te sientas a esperar el feedback y entonces aparecen los comentarios (positivos o no, que a veces hay que eliminar porque no son muy normales); juras en hebreo por los que te dejan diariamente una cola de spam agotadora; ves en las estadísticas que un post antiguo sigue interesando; los mails de gente que te comenta en off porque no le interesa salir públicamente, te envían información sobre sus próximos eventos o te preguntan cosas que no siempre sabes responder y tienes que investigar…A veces, justo porque no hay plan, he perdido algunas de esas preguntas o algún comentario y me llega la consiguiente bronca posterior o un silencio notorio que hace las veces de tremenda reprimenda y, aunque no puedo saltar de alegría de haber metido la pata,  hasta eso me gusta, porque significa que has contactado con alguien que tiene interés en lo que haces.

Esta mañana he abierto mi Dashboard y he visto que  este blog ha superado las 50.000 visitas. Para algunos no será mucho, no sé. Yo me he quedado muerta y, por primera vez, me he empezado a plantear lo que es este blog para mi: una alegría y una fuente continua de satisfacción por compartir una pasión común con gente que, en muchos casos, ya no son gente sin más, a pesar de que nunca nos hayamos visto. No sé cuándo ni cómo ha pasado eso, pero MUCHAS GRACIAS A TODOS.

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